Esta foto, al igual que la de la anterior entrada, está sacada en Sitges, la fría tarde que salí en busca del bokeh.
Distancia focal: 85 mm.
Velocidad de obturación: 1/60s
Diafragma: F/1.4
Sensibilidad: ISO 100
Esta foto, al igual que la de la anterior entrada, está sacada en Sitges, la fría tarde que salí en busca del bokeh.
Distancia focal: 85 mm.
Velocidad de obturación: 1/60s
Diafragma: F/1.4
Sensibilidad: ISO 100
Como os comentaba en la anterior entrada, el pasado domingo estuve por Sitges en busca del bokeh para el último reto de la familia fotera. Era una noche fría, más bien gélida, y las calles estaban totalmente desiertas.
Distancia focal: 35 mm.
Velocidad de obturación: 1/30s
Diafragma: F/1.8
Sensibilidad: ISO 400
¡Nuevo reto de la familia fotera! En esta ocasión se trataba de hacer una foto con efecto bokeh, ese concepto japonés que significa desenfoque.
“Qué es la Familia Fotera?
Pues es un grupo de frikies amigos/blogeros, chiflados por la fotografía que no tienen nada mejor que hacer que hablar de lentes, cuerpos, focales, milímetros, en sus respectivos blogs, centrándolo en sus aficiones: viajes, reportajes, tecnología, tutoriales, etc…”
Publicado por dreamflow en http://www.dreamflow.es/familia-fotera
Tenía ganas de hacer una foto con un bokeh nocturno, así que el domingo pasado, todo y el frío que hacía, me dirigí a Sitges en busca de un bokeh más o menos reconocible…
Podéis ver el resto de participantes haciendo clic aquí.
El otro día, en los “tres tombs de Calafell” (pulse aquí para ver aquella entrada), no pude dejar de fotografiar a estas peculiares espectadoras…
Distancia focal: 35 mm.
Velocidad de obturación: 1/320s
Diafragma: F/1.8
Sensibilidad: ISO 100
El pasado domingo dimos una vuelta por Calafell pueblo, aprovechando la celebración de “els tres tombs”. Este año, a diferencia del anterior, decidí sacar sólo cuatro fotos y aislar a los protagonistas del gentío que se acerca a verlos desfilar, en la medida de lo posible… Si queréis ver las fotos del año pasado o conocer un poco más sobre esta festividad podéis hacerlo pulsando aquí.
Distancia focal: 35 mm.
Velocidad de obturación: 1/640s
Diafragma: F/1.8
Sensibilidad: ISO 100
Distancia focal: 35 mm.
Velocidad de obturación: 1/1600s
Diafragma: F/2.5
Sensibilidad: ISO 100
Distancia focal: 35 mm.
Velocidad de obturación: 1/1600s
Diafragma: F/1.8
Sensibilidad: ISO 100
Las “calçotades”, todo y que están muy extendidas por toda Cataluña, nacieron en Valls a finales del siglo XIX.
“El cultivo de los calçots comienza en los últimos meses del año, sembrando la semilla de la cebolla. Cuando esta ha crecido, se arranca y se guarda una temporada para volverla a plantar una vez más de forma que quede medio enterrada. A medida que crece la planta, hay que irla calzando, o sea, rodándola de tierra. De aquí viene el nombre de calçot. Su cosecha se realiza desde noviembre hasta abril.
Su cocción se hace poniendo los calçots encima de unas rejillas encima de un fuego de llama viva hecha con sarmientos. Se sabe que están cocidos cuando están blandos de la punta y totalmente negros de la parte de fuera. Se guardan envueltos en papel de periódico para mantenerlos calientes.
Se llevan a la mesa bien calientes y servidos en una teja de barro, acompañados de la salsa "salvitxada" en una tarrina de barro, un babero, un buen pan y un buen vino de la comarca servido con porrón.
Para comerlos hay que ponerse un babero ya que la tradición dice que se tienen que comer con las manos. Esto es, coger el calçot y a la boca.”
Información extraída de la web de la Masia Fontscaldes.
Todo y que se pueden comer calçots en muchos restaurantes de Cataluña, desde hace varios años que nos acercamos a Valls para hacerlo. Concretamente a un pequeño, pequeñísimo pueblo, que se encuentra en el término municipal de Valls, en la comarca de “Alt Camp”. El pueblo en cuestión se llama Fontscaldes y, todo y su diminuto tamaño, tiene dos masías donde poder hacer auténticas calçotades. Una es la Masia Cervelló, que se encuentra en la carretera que atraviesa el pueblo. Y la otra, a la que fuimos esta vez, es la Masia Fontscaldes, algo más escondida. Tanto en una como otra sirven el menú típico, formado por:
Todo y que inicialmente no quería llevarme la cámara, al final no pude resistirme. No quería hacer un gran reportaje, pero si hacer “cuatro fotos” representativas. Así que después del rollo, vamos a por ellas:
La carretera que atraviesa el pueblo tiene sólo unos pocos metros, así que al poco de pasar la primera masía, y justo antes de dejar el pueblo, nos encontramos un cartel que anuncia la Masia Fontscaldes.
La masía dispone de un amplio terreno y, al parecer, también hacen calçotades al aire libre.
Como en toda masía catalana, no pueden faltar aquellos objetos viejos que adornan el lugar.
Y como no, el ingrediente principal.
Y unos cuantos vinos colocados en lo que un día fue una ventana.
Aunque el vino, mucho mejor en un porrón, como manda la tradición.
Y para acabar, una foto del campanario del pueblo…
… y es que todo pueblo, por insignificante que sea, tiene su iglesia con su respectivo campanario.
Hace unos días, en esta entrada, os mostraba 4 fotos de un gato que nos encontramos paseando por Sitges. Era de noche y las luces residuales de las farolas provocaron unos colores demasiado cálidos. Al editarlas no conseguí ajustar el balance de blancos de forma satisfactoria, así que opté por desaturar por completo el naranja y el verde. El resultado fueron unas fotos demasiado amarillas que, todo y ser mejores que las originales, no acababan de convencerme. Dreamflow comentaba que probara de pasarlas a blanco y negro, pero como no quería perder los colores del gato, he decidido hacerle una desaturación selectiva.
La foto elegida ha sido la tercera de aquella entrada, posiblemente la mejor de todas.